9 de agosto de 2010

Adopción y hermanos: Preparar la llegada



La adopción, cuando ya existen hijos biológicos o adoptados, requiere que tanto padres como futuros hermanos hablen del proceso y se preparen para recibir al nuevo miembro de la familia.

Fuente: www.blanquerna.url.edu Sandra Ger Cabero, Psicóloga y psicoterapeuta. Servicio Postadoptivo de la Fundació Blanquerna Assistencial i de Serveis.


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    No hay nada más normal para una pareja que el deseo de formar una familia con un hijo o, a menudo, con más de uno. En la actualidad existen muchos tipos de familias. Puede ser que después de una adopción se inicien los trámites para una segunda. A veces ocurre que después de la adopción de un niño se produce naturalmente un embarazo o, a la inversa, que se opta por ésta cuando ya se tienen uno o más hijos biológicos. Al igual que en la filiación biológica, adoptar significa convertirse en padres e hijos, pero también significa convertirse en hermanos y quizá nuestros hijos no sepan qué significará esto para ellos.
    Por este motivo, ante la llegada de un nuevo integrante a la familia, surge en algunos padres un cierto temor a las consecuencias que esto pueda tener para los hermanos. Preocupaciones que giran en torno a si serán capaces de manejar la situación, preguntándose no sólo cómo va a reaccionar el nuevo hermano, sino también el hijo que ya tienen, si se entenderán todos juntos, si facilitará la adaptación el hecho de tener un hermanito o será una dificultad añadida, etc. De lo que no cabe duda es que será un momento intenso, lleno de emociones para todos y que lo mejor es prepararse como padres y también a nuestros hijos, en la medida de lo posible, para este gran momento, ya que las sorpresas pueden acarrear peores consecuencias.
    Obviamente, los padres de cualquier tipo de familia querrán a todos sus hijos, sean biológicos o adoptivos, pero cada uno de ellos de manera diferente, en función del vínculo establecido con cada cual. Y en todas aparecerán dudas, temores y sentimientos ambivalentes ante la llegada de un nuevo hijo o hija. No obstante, en el caso de las familias adoptivas hay que tener en cuenta que la adopción implica algunos retos para los que debemos estar preparados: ¿cómo vivirán los hermanos el proceso de adopción?, ¿cómo será el primer encuentro?, ¿cómo se adaptará toda la familia?, ¿qué consecuencias tendrán las diferencias de edad o de cualquier otro tipo entre los hermanos?, ¿cuándo aparecerán los celos? y otros muchos aspectos que pueden ir apareciendo a lo largo de la vida en la relación fraterna.
    Y ante todo esto, es inevitable que las familias se planteen cuál debe ser la actitud de los padres hacia los hijos en todo este proceso. ¿Cuándo empezar a preparar a nuestro hijo para la llegada de un hermanito o hermanita? ¿Cuándo decírselo? Para responder a estas preguntas hay que destacar que cuando los niños son muy pequeños no tienen perspectiva de futuro, con lo que una larga espera hasta la llegada del nuevo hermano puede hacerles perder el interés o creer que la situación en la que viven actualmente no cambiará nunca. Por esta razón y teniendo en cuenta los tiempos de espera actuales, que pueden suponer periodos a veces muy largos, si nuestro hijo es pequeño es aconsejable aguardar un tiempo a decírselo. Una vez que lo sepan, hay que hacerlos partícipes del proceso y mantenerles siempre informados.
    El tiempo de espera puede ser un buen momento para prepararse, padres e hijos, para la llegada del nuevo integrante. Puede ser un momento idóneo para informarse y formarse, ya que nos conviene saber cómo son los niños de la edad del que esperamos, cómo se desarrolla el apego de un niño adoptado, debemos informarnos también sobre cómo es el país de nuestro futuro hijo, preparar el viaje, decidir si nuestro hijo mayor va a acompañarnos, etc. Además, éste es también el momento para introducir todos aquellos cambios que anticipemos que va a vivir nuestro hijo con la llegada de su hermano, como por ejemplo, acostumbrarlo a dormir solo en su habitación, si no lo hacía, acostumbrarlo a comer y vestirse solo, etc. Si esperamos a que llegue el nuevo hermano para introducir estos cambios, podemos encontrarnos que el hijo mayor lo vea como el culpable de la pérdida de todos los derechos y privilegios con los que contaba hasta el momento.

    La adaptación familiar
    Por supuesto que las experiencias previas del niño y sus vivencias anteriores influirán en el proceso de adaptación familiar, pero del mismo modo influirán también las expectativas que tengan los padres y los hermanos que ya estén en el hogar. En cualquier caso, la familia debe estar preparada para incorporar una serie de cambios, ajustar sus expectativas y mantener una actitud abierta, flexible y paciente. Los padres deben tener unas expectativas realistas sobre las relaciones entre hermanos. Hay que tener en cuenta que todos somos distintos y no habrá dos niños ni dos procesos de adaptación iguales. Cada niño y niña tendrá su ritmo, sus necesidades, su manera de vivir los cambios, sus vivencias y experiencias que sólo él o ella interpreta de esa manera. Será importante habernos formado suficientemente todos juntos para entender que, en ocasiones, el nivel madurativo y el comportamiento de nuestro nuevo hijo no se corresponderán con su edad cronológica, y lograr empatizar con él. Nuestra actitud respecto a nuestros hijos deberá ser prudente y de respeto, tanto a nivel afectivo como emocional, no intentando forzar situaciones que puedan llegar a causar reacciones adversas.
    La creación del vínculo será una cuestión de responsabilidad mutua, no recaerá únicamente sobre el recién llegado sino sobre toda la familia. Debemos ajustar las expectativas, tanto padres como hijos, en torno al nuevo miembro de la familia y aprender a querer al niño tal y como es y no esperar siempre que sea como nos gustaría que fuese. Aceptarlo será pues, el primer paso para establecer ese vínculo y, nuevamente, sus vivencias anteriores influirán en este proceso. El hijo que ya tenemos en casa inevitablemente se hará una idea de cómo puede ser el hermano que está por llegar. Puede ser que lo imagine parecido a él y espere poder jugar con él a sus mismos juegos. Pero lo imagine como lo imagine, puede encontrarse luego que ese niño no es como esperaba y, en vez de jugar con él, molesta, llora y ocupa parte del tiempo de sus padres. Todo esto le acabará generando reacciones ambivalentes, puesto que el nuevo hermano es percibido a veces como un intruso.
    Como consecuencia de la llegada de un nuevo miembro a la familia cada uno tiene que volver a encontrar su lugar. La duración de este proceso es variable, puede durar meses e incluso años. Como todos los niños, los adoptados se sienten inseguros y desplazados por el nuevo hermano y los padres pueden llegar a sentirse culpables por querer otro hijo. Ante la llegada de un hermano, todos los niños experimentan una serie de sentimientos y pensamientos, pero hay que tener en cuenta que en el caso del adoptado, éstos pueden ser más intensos debido a la experiencia previa de abandono.
    A los padres de familias formadas por hijos adoptados junto con hijos biológicos les suele preocupar no crear diferencias entre ellos. A menudo se produce un cierto temor por no hacer diferencias con uno y otro hijo y que el adoptivo no se sienta diferente o no reconocido respecto al hermano. Generalmente, les preocupa que uno de ellos se sienta menos querido que el otro y esta situación puede conducir, por parte de los padres, a conductas de sobreprotección hacia el hijo adoptivo o de actitudes exageradas de igualdad pretendiendo dar a cada hijo exactamente lo mismo, sin reconocer las diferencias y las particularidades de cada uno de ellos. En el caso de las familias con dos o más hijos adoptados, puede surgir el temor a cómo afrontar una nueva adopción, cómo preparar al hijo para la llegada de un nuevo hermano, cómo tratar nuevamente el tema de los orígenes, qué vivencias desagradables puede hacerle revivir el proceso, etc.
    Sea cual sea el tipo de familia, debemos tener claro en primer lugar que en la relación normal entre hermanos surgen siempre celos, rivalidades y secretos, pero también complicidad, apoyo y ayuda y los hermanos pueden llegar a identificarse el uno en el otro y aprender recíprocamente. Y en segundo lugar, hay que tener en cuenta que el llegar a sentirse hermanos es algo que depende de la construcción del vínculo.
    En general, casi todos los niños, después de la llegada de un nuevo hermano, cambian algún aspecto de su conducta o actúan de forma diferente para llamar la atención. En ocasiones suelen producirse algunas regresiones: vuelven a mojar la cama, quieren nuevamente el biberón o el chupete, etc. Estas conductas deberían durar poco tiempo ya que a medida que vuelven a sentirse seguros de nuevo, retoman sus comportamientos normales. Los niños deben ir aprendiendo a adaptarse de forma gradual. Los padres deben ayudarles aceptando sus sentimientos como normales y permitiéndoles hablar sobre ellos. De este modo contribuirán a que la situación sea más fácil para toda la familia.

    Los celos entre hermanos
    Los celos han existido siempre entre hermanos, aunque, dependiendo de la edad de los pequeños, podemos encontrarnos distintas reacciones. Los celos suelen manifestarse cuando la diferencia de edad entre los niños es de dos, tres o cuatro años, pero pueden aparecer más precozmente. Los sentimientos de celos y rivalidad son un elemento común entre los hermanos de todas las familias. A menudo los conflictos se producen entre los niños del mismo grupo de edad, pero la rivalidad puede darse entre hermanos con años de diferencia. De hecho, son un sentimiento tan natural en los niños que a los padres deberían preocuparles más los hermanos mayores que no manifiesten ninguna agresividad hacia sus “competidores”, que los que la expresen de forma abierta. Para los padres, estos comportamientos pueden resultar muy molestos pero en condiciones normales pueden resolverse con ternura, tranquilizando al niño sobre el amor que sus padres sienten por él. Normalmente, en unos meses la agresividad desaparece y a partir de entonces se enfrentan pacíficamente en innumerables competiciones.
    Contrariamente a lo que se pueda pensar, los celos no siempre los observamos en el hijo adoptivo hacia el biológico por haber sido gestado por sus padres, sino que también pueden surgir del hijo biológico hacia el adoptivo por creerlo elegido y buscado especialmente por sus padres. Ambos hermanos, como toda la familia, deberán reconocer y comprender lo diferente y lo propio que les ha tocado vivir.
    Y finalmente llegamos a la cuestión de cómo preparar a nuestro hijo para la llegada de un nuevo hermano. En primer lugar, como se ha mencionado anteriormente, conviene ayudarle a entender cómo será su nuevo hermano, ya que si tiene algo de información será más capaz de adaptarse. En este sentido, debemos describirle cómo son los niños de esa edad (cómo lloran, duermen, comen y se comportan), explicarle y ayudarle a resolver sus dudas acerca de cómo será la relación de los padres con el nuevo hermano (cómo será un día típico y cómo pasaremos el tiempo con la nueva criatura, qué lugar ocupará en el corazón de los padres) y con todos los hijos (cómo tendrán que compartir el tiempo y el amor), y es importante también hablar con él sobre cómo será su relación con el nuevo hermano o hermana.
    En segundo lugar, durante este proceso, es muy importante averiguar qué siente o desea el niño y lo que le gustaría (posibles celos, sentimientos de enfado y tristeza). Partimos de la base que nuestro hijo experimentará todos esos sentimientos y es importante que sepa que los padres le comprenden. Prepararle para el nuevo acontecimiento es algo imprescindible y ayudará a los padres a planificar y a pensar cómo involucrarle en el proceso. Pero es importante no olvidar que por más que lo preparemos, no podremos evitar que tenga sentimientos intensos y quizá ambivalentes sobre la llegada del nuevo hermano. Sin esta preparación sería realmente difícil crear un ambiente de diálogo y ayudar a nuestro hijo a expresar cualquier emoción o pensamiento y éste es un aspecto que, como ya hemos mencionado, se debe iniciar mucho antes de la llegada del nuevo integrante a la familia.
    Una vez que haya llegado el nuevo hijo al hogar, los padres deben trabajar conjuntamente para consolidar un sentimiento familiar compartido, cuidando aspectos como la celebración de fiestas y tradiciones, las comidas familiares, los rituales para ir a dormir, los libros, las canciones y juegos, etc. Deben saber que lo que hagan en familia contribuirá a que los hijos se sientan incluidos en la unidad familiar, y será en todas estas actividades donde podrán observar cuáles son las situaciones en las que los hermanos descubran cosas que ambos disfruten, para luego reforzarlas.

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